“Un psicopedagogo puede hacer algo más y fuera de lo común de lo que hace la mayoría”

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Así lo asegura Rosa Silvia Ramírez, una profesional de esa disciplina que se metió en las canchas de fútbol y colabora con un par de DT. Se recibió en la Universidad Nacional de Formosa en 2009. Y en 2015 se le presentó la oportunidad de ser docente en la Escuela de Directores Técnicos. Poco tiempo después, comenzó a trabajar con los entrenadores de dos clubes.

 

Rosy Ramírez como la conoce “todo el mundo” es una mujer como cualquier otra. Está casada hace trece años y tiene una hija de 9, Luciana Itatí; le gusta jugar al vóley, cenar con amigas y mirar una peli en familia. Sin embargo, en su profesión como psicopedagoga, no es una más. Pocos años después de graduarse en la Universidad se hizo su propio camino, y dio un paso decisivo en su carrera: se transformó en la primera mujer psicopedagoga del deporte en Formosa y ahora asesora a dos clubes de fútbol de la ciudad. Así, esta profesional de 37 años se quitó los zapatos con tacos y se metió a la cancha para trabajar codo a codo con el DT en sus estrategias en el manejo de grupo.

Desde entonces, Rosy dicta cursos en esos espacios sobre inteligencia emocional y el deporte, los beneficios de la práctica de fútbol en los niños y adultos, y cómo desde esta actividad se potencia la prevención contra el consumo de drogas.

Pero, además, cada vez que se pone en juego el balón la profesional se mezcla entre los protagonistas y es una integrante más del cuerpo técnico. Aunque su tarea es casi invisible, silenciosa: observa y analiza el comportamiento y el lenguaje corporal y emocional de los jugadores, los entrenadores, incluso de sus familias. Todo el contexto y la acción que se desenvuelve en el lugar son para la psicopedagoga pura información a procesar. Luego, en la semana, traduce ese análisis en proyectos de corto y largo plazo que los discute con los entrenadores para potenciar el rendimiento deportivo del equipo. “Mi oficina está a un costado de la cancha”, dice la especialista con una sonrisa. Y completa: “Mi desafío es crear y coordinar un grupo de psicopedagogos que se dediquen a este ámbito, y sumar a profesionales de otras disciplinas, también necesarios”, se entusiasma.

Sin embargo, los comienzos para ella no fueron fáciles. Tuvo que enfrentar los prejuicios de manual en ese mundo dominado por hombres. “Que vas a saber vos de fútbol”, fue la frase de bienvenida más cortés con que la recibieron en sus primeras entrevistas de trabajo. Luego la ponían a prueba y le hacían “preguntas referidas al fútbol que me incomodaban”.

Sin dudas, para Rosy Ramírez no iba a ser gratuito su atrevimiento por intentar ingresar a ese universo. Además, la presencia de una mujer en el campo de juego ponía al descubierto las inseguridades de los otros. Más aún del cuerpo técnico. “Muchos DT no querían ser observados en sus entrenamientos”, recuerda. Pero eso no la desanimó, y se metió de a poco a fuerza de perseverancia. Y de información. Conceptos como psicoentrenamiento grupal, clima motivacional y fútbol psicointegral fueron el as bajo la manga. Y se ganó la atención de los entrenadores. “Cuando les explicaba cuáles eran

los objetivos y beneficios con los que podían contar, cedían”. Y así arrancó su trayecto como asesora de clubes de fútbol, y le dio a su profesión otra puerta que tocar. Y también para abrir si es que no contestan.

Ahora, a Rosy Ramírez le falta tiempo para atender la demanda que le hacen desde otros clubes. Tiene una columna de radio dos veces a la semana para contar lo que hace. Y continúa dando charlas a jugadores de todas las categorías, de entre 4 y 35 años, y a sus familias. Su plan de trabajo: conocerlos, dialogar, empujarlos a que pongan en palabras sus problemas y ansiedades, y lograr de todos ellos el mejor rendimiento. Tanto adentro como afuera de la cancha.

—¿Cómo llega una psicopedagoga a meterse en el mundo del fútbol?

—En 2015 el titular de la carrera de “Director Técnico Nacional de Fútbol” Guillermo Guzmán me convoca para dictar unas cátedras, entre ellas Didáctica y Pedagogía, Psicología I y II, y la recientemente incorporada Neurociencia aplicada al entrenamiento del fútbol. Con el paso del tiempo y las experiencias que recogí fui instruyéndome un poco más en lo referente a “fenómenos” que aparecían en este deporte. Fue así que seguí especializándome y estudié Neuroentrenamiento y Coach Deportivo que me dieron herramientas para llevar en forma más rica mi formación y más adelante poder hacer ciertas intervenciones en la práctica profesional.

—Y así se convirtió en lo que es ahora, en asesora deportiva. ¿Pero cómo fue su primer acercamiento a las canchas?

—Con el paso de los años, y desafiándome a mí misma, y casi por una cuestión de “despegarme de la teoría” fui visitando a los clubes de fútbol, conociéndolos en su contexto, dando charlas ad honorem cuyas temáticas estaban relacionadas a lo grupal. Al año siguiente me convocan dos clubes para trabajar desde la psicopedagogía y acompañar al deportista en su formación. Estos son el club social recreativo y deportivo “Luis Jorge Fontana” y el club “Defensores de Formosa”. A todos ellos, entrenadores y jugadores, cuerpo técnico y autoridades, quiero darles las gracias por permitirme trabajar con libertad y por darme esta oportunidad en mi profesión, de poder vivirla ¡en las canchas!

—¿Cómo es un día de trabajo para una psicopedagoga en ese ámbito?

—Si ya hiciste un buen contrato de trabajo con el director técnico, que es el líder de un equipo, es sumamente provechoso el tiempo y las actividades propuestas para los deportistas. Mi trabajo es un complemento del trabajo del técnico y de los jugadores. Soy una más del equipo, ellos lo sienten así. Mi “oficina” está al costado de la cancha. Donde observo y realizo las entrevistas con los jugadores y la familia.

—¿Cómo es su ropa de trabajo?

—Las primeras veces iba con ambo, jeans, zapatos bajitos. Una vez fui con zapatos de taco y se clavaron en el césped. Noté que había que llevar ropa deportiva, excepto cuando hay reuniones de padres o tengo que hacer presencia en eventos deportivos; ahí sí llevo trajecito. Tengo una remera con el logo de la psicopedagogía y mi apellido. Un club me regaló una chomba de la institución y la hice bordar con mi apellido y nombre y así la uso.

—¿La discriminaron por su condición de mujer en un primer momento?

—El mundo futbolero tiene muchas concepciones machistas, porque es un deporte que históricamente estuvo dominado por hombres. Ahora hay más equipos de fútbol femenino, pero reconozco que el machismo es una ideología que la pueden sostener tanto hombres como mujeres, y es sumamente complicado. Sí, me discriminaron. Y me hicieron comentarios poco felices, poco productivos para el trabajo colaborativo. Pero es el miedo y los prejuicios que los lleva a hacer varios comentarios por ser mujer, por estar en una cancha. “Que vas a saber vos de fútbol”, me decían o hacían preguntas referidas a este deporte que me incomodaban. Muchos DT no querían ser observados en sus entrenamientos, y cuando les explicaba cuáles eran los objetivos y beneficios con los que podían contar, cedían.

—¿Por qué eligió ser psicopedagoga?

—Siempre tuve curiosidad por temas relacionados con la psicología. Mis padres no contaban con tantos recursos económicos como para que fuera a estudiar en otra provincia y menos en una universidad privada. Así que vi una carrera que comenzaba con la palabra “psi” y comencé a cursarla. Me interesé mucho con los temas que se planteaban, la incumbencia, las teorías, los casos y la fui transitando con mucha paciencia y cariño, disfrutando el recorrido.

—¿Cuál es el concepto más común que tiene la gente sobre el psicopedagogo?

—Que sólo trabajamos con niños que presentan dificultades de aprendizaje, y lo resolvemos en el consultorio o en la escuela.

—En su caso, ¿tiene que aclarar todo el tiempo de qué trabaja o qué hace un psicopedagogo?

—Sí, todo el tiempo tengo que explicarlo y en que ámbitos se desenvuelve. Pero no me molesta. Si preguntan es porque tienen curiosidad y quien mejor que un profesional para que se los aclare. A mi familia también le tuve que decir alguna vez que un psicopedagogo puede hacer algo más, y fuera de lo común de lo que hacen la mayoría de mis colegas.

—Usted es un ejemplo de eso. Aun así ¿alcanzó todo lo que se propuso en su profesión?

—Estoy transitando y disfrutando la mejor etapa de mi carrera, por las altas demandas de varios clubes. Y varios DT que me solicitan asesoramiento en materia de entrenamiento. Mi meta es fomentar la presencia del psicopedagogo en cada club de la provincia. Mi desafío es crear y coordinar un grupo de psicopedagogos que se dediquen a este ámbito, y sumar a otros profesionales también necesarios. En esta corta pero profunda experiencia ayudé a fomentar aprendizajes saludables y detectar aquellas que no lo son. Además, me permitió explorar un ámbito donde podemos teorizar, pensar y repensar otras modalidades de trabajo, otras problemáticas, otras posibles intervenciones, que hasta el día de hoy me generan una gran satisfacción.

—¿Ya se proyectó nuevos desafíos?

—Me caracterizo por ser una profesional curiosa. El año que viene quiero hacer la Licenciatura en Psicopedagogía. Ahora estoy cursando la “Especialización en grafología

forense y criminología” y “Psicopedagogía Forense”. ¡Pero donde haya algo relacionado con el deporte y la psicopedagogía, yo me anoto!

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