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SOCIEDAD

14 de diciembre de 2023

Gabriel Rabinovich, sobre sus investigaciones contra el cáncer: “El apoyo que tenemos en el mundo nos fortalece para seguir adelante”

Así lo aseguró el científico cordobés en relación con los resultados de tres décadas de trabajo. Muy pronto sus pruebas de laboratorio pasarán a la fase de ensayos clínicos. Dice que viaja mucho para que otros centros del mundo conozcan y reproduzcan sus hallazgos. Galtec, una startup que se creó este año, desarrollaría los productos fármacos para combatir la enfermedad. A continuación, el mano a mano con el investigador.

Gabriel Rabinovich es mucho más que un doctor en Ciencias Químicas o un investigador superior del Conicet. Es hoy, quizá, el hombre más importante de la ciencia argentina. Con su equipo de trabajo está a las puertas de alcanzar el desarrollo de un medicamento que inhiba por completo la acción de los tumores cancerígenos. Sus investigaciones —que llevan treinta años de prueba en laboratorios— están a punto de dar el siguiente paso: la fase de ensayos clínicos. Es decir, de medir su eficacia en pacientes humanos.

Por estos logros, el científico lleva publicado a la fecha más de 300 trabajos en revistas especializadas en todo el mundo. Y a fines de octubre recibió el Konex de Brillante por el avance de sus investigaciones contra esta enfermedad que, según el último reporte del Global Cancer Observatory, en el año 2020 se cobró la vida de 10 millones de personas en el planeta.

Pero Gabriel Rabinovich no se apresura y prefiere “ser cauto”, porque “todavía faltan dar pasos muy importantes”. Sin embargo, no oculta su entusiasmo ante el escenario que se presenta. Y confiesa: “Cuando vemos los resultados en modelos experimentales somos muy optimistas porque los mismos son muy buenos”.

Por estos avances, los medios de comunicación del país no dejan de llamar a su teléfono. Y en muchas ocasiones posterga entrevistas por sus compromisos de trabajo: “Me vuelvo loco, porque no puedo atenderlos a todos”, señala casi con pena. Pero a pesar de que su vida casi transcurre entre un avión y el siguiente, el científico de 54 años, nacido en Córdoba, se hizo un momento para atendernos y dialogó con este medio universitario.

El contacto fue vía Zoom y el investigador lo hizo desde la oficina que tiene en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), que depende de la Universidad de Buenos Aires y del Conicet. En ese lugar, donde respira buena parte de la ciencia de este país, se creó este año Galtec, una empresa de base tecnológica que traduce la investigación y la ciencia básica en ciencia aplicada. Es una startup, todavía pequeña, pero con promesa de expansión. Y es, sobre todo, el ámbito donde las interminables horas de trabajo del científico —que quería ser cantante— podrán, en un futuro no muy lejano, convertirse en productos farmacéuticos para combatir el cáncer.

 

—¿Cuál fue el proceso que lo llevo hasta aquí, a tener este presente?

—Son 30 años de investigación, desde la identificación de la proteína (galectina), cuando yo estaba en el primer año de mi tesis doctoral, es decir cuando tenía 24 años, hasta ahora, que tengo 54. Sí, son 30 años de investigar profundamente las funciones de galectina 1 y de otras galectinas, en el control de la respuesta inflamatoria en enfermedades autoinmunes y en tumores. Estas investigaciones permitieron generar dos tecnologías: una variante de galectina 1 para enfermedades autoinmunes, y un anticuerpo anti Gal-1 para cáncer.

—¿Qué tan cerca está de alcanzar su objetivo?

—Bueno… Con el lanzamiento de Galtec este año obtuvimos por primera vez inversión privada, y con esta inversión, nuestra propuesta es que en dos años podamos transformar estos productos, que llamamos buenas prácticas de manufacturas, en productos farmacéuticos y comenzar con la fase 1. Entonces, creemos que,en dos, tres años, vamos a poder comenzar los ensayos clínicos en pacientes. Por ahora todo fue tratado con modelos experimentales en animales.

—Por lo que me cuenta, se podrán eliminar los tumores cancerígenos en un corto plazo…

—Yo quiero ser cauto, en especial con la situación de los pacientes que están atravesando un momento tan complejo. Porque esto genera mucha expectativa. Primero decirles (a las personas con cáncer) que los tumores pueden ser para muchas enfermedades diferentes. Nosotros vamos a comenzar con los tumores colorrectales. Después seguiremos con otras opciones. Pero en principio lo que queremos hacer es combinarlos con otras terapias, ver cómo van funcionando. Y en el mejor de los horizontes podríamos ayudar con una terapia única. Y en otros, lo podríamos combinar con otras terapias en forma secuencial.

—Entonces, ¿se abrió una especie de puerta, de ventana o es todavía un pequeño orificio en la pared?

—Es muy difícil decirlo. Aunque cuando vemos los resultados en modelos experimentales somos muy optimistas, porque los resultados son muy buenos. Pero todavía faltan pasos muy grandes. Porque muchas cosas que funcionaron en los modelos no funcionaron en los pacientes. Todavía tenemos que atravesar los ensayos clínicos y con todas las pautas bioéticas de la medicina, y así lo vamos hacer. La buena noticia es que antes era sólo un descubrimiento, y ahora estos descubrimientos lo transformamos en nuevas tecnologías y estamos en el proceso de generar el medicamento. Entonces, Galtec ayuda en este sentido. Son treinta años de trabajo en ciencias básicas, de descubrimientos originales que se están traduciendo en un posible fármaco. Y el objetivo es que salga desde acá, desde nuestro país.

—¿Cuál fue la reacción de la comunidad científica internacional?

—Muy buena… La verdad es que estamos muy contentos con la recepción y con el feedback que tenemos. Lo presentamos mucho en congresos. Este año lo hicimos ante la American Association for Cancer Research que se realizó en Orlando (Florida, EEUU). Y la verdad es que mucha gente, inclusive premios Nobel, se nos acercaron con mucho respeto y apoyándonos para que sigamos adelante con el proyecto. Porque hacen falta más terapias, hacen falta más oportunidades. Yo siempre digo que a los científicos les interesa publicar y patentar, pero lo más importante es que a otros investigadores en el mundo le interese lo que uno está trabajando y que puedan reproducir los resultados. Porque hay una crisis muy grande en el mundo de reproducibilidad. En estos momentos, son muchos los laboratorios en universidades prestigiosas (Stanford, Harvard) donde han reproducido los resultados que venimos teniendo hace varios años. Y esto nos da mucha más fortaleza. No solo satisfacción, sino fortaleza para poder llegar a los pacientes.

—¿Cuántas revistas internacionales reflejaron la importancia de estos resultados?

—Hasta el momento nuestro laboratorio publicó 325 trabajos en relación con las galectinas como blancos terapéuticos, no sólo en cáncer sino en enfermedades inflamatorias crónicas y autoinmunes. Se realizaron 30 tesis doctorales en nuestros laboratorios y hay 11 patentes que lo sustentan de propiedad intelectual.

—De un tiempo a esta parte los medios de comunicación lo tienen en primera plana ¿Le incomoda tanta exposición?

Muchas veces me incomoda. Pero también siento una gran responsabilidad frente a la gente. Nosotros hemos tenido apoyo del Estado, del Conicet, de la Agencia Nacional de Promoción Científica, del Ministerio de Ciencia y Técnica, de organizaciones sin fines de lucro como las Fundación Sales, Bunge y Born, Williams, Baron… Entonces, todas las personas que nos aportan merecen saber de qué se trata y en un lenguaje llano. Yo siento que es un gran compromiso con la sociedad, porque hacemos ciencia para la gente. Y no voy a dejar de hacer ciencia para la gente. Lo siento como una gran responsabilidad.

—Cuénteme sobre Galtec, ¿es una empresa pública, privada o una combinación de ambas?

—Galtec surge como una idea del Conicet, que se funda desde y con los estatutos de empresas de base tecnológica que exige el Conicet. Donde este último le cede la propiedad intelectual, compuestas por varias patentes, a GALTEC SAS. Esta empresa es por ahora una pequeña startup, pero que esperamos que crezca con el tiempo. Además, hay un convenio en el cual, Galtec, ante cada hito que vaya cumpliendo y cada aporte que tenga de parte de privados, lo traducirá en un porcentaje que la empresa le trasladará al Conicet. Esto posibilita el regreso de capitales luego de una inversión muy grande por parte del Estado. Es decir, la participación de lo privado también hace que el Conicet siga creciendo.

—A partir de Galtec, entonces, usted está conjugando investigación de muchos años, ciencia aplicada y emprendedorismo… ¿Cree que es así?

—Bueno… yo me estoy transformando en un emprendedor. Me cuesta verme como uno. Estoy aprendiendo día tras día. Me siento más científico y que puedo aportar desde ese lugar. Pero, sí, de a poco voy entrando en este nuevo mundo. La idea es que todo esto: investigación, tecnología, ciencia aplicada o emprendedorismo pueda mejorar la vida de la gente.

—Hábleme un poco de usted, ¿cuántas horas por día trabaja?

—(Suspira) La verdad que muchas. Soy medio work-a-holic. Trabajo mucho de noche, me gusta la noche… y es porque estoy más tranquilo. Y es cuando escribo, escribo papers, proyectos. Después, voy al laboratorio, pero no tan temprano. Y me las paso de un lado al otro, entre los laboratorios y Galtec. Subo y bajo constantemente (entre la planta baja y el primer piso del IBYME). Antes hacía gestión, ahora no tanta. Viajo mucho a congresos a dar conferencias, me parece que es muy importante exponer lo que hacemos frente al mundo para poder universalizar el concepto. Y eso, para mí, cada vez que recibo una invitación, es una obligación poder ir. Así que, bueno, entre aviones, mi oficina y el laboratorio diría que pasa mi vida. La familia me recontra banca. Mi pareja trabaja en el laboratorio por cuestiones técnicas, pero me ve poco. Así que también me banca mucho.

—Por lo que me cuenta es un científico 24/7… ¿Tiempo libre…?De maratonear con Netflix ni hablar…

—(Risas) Mirá, a la noche, mientras escribo un paper, nos ponemos (con su pareja) a ver alguna serie en Netflix. La verdad es que trato de hacerme tiempo para estas cosas, porque si no, no se equilibra la mente. Duermo poco, todavía tengo problemas de sueño: duermo cuatro o cinco horas por noche. Especialmente cuando tengo muchas reuniones, estos compromisos que no los tenía antes y que ahora están apareciendo. Y también están los medios y yo quiero contestarles a todos, pero a veces me vuelvo loco. Además, tengo los trabajos científicos y toda la programación de Galtec; tengo muchos becarios doctorales a quienes hay que corregirles las tesis y seguirles los temas… Bueno, aun así, trato de estar con la cabeza lo más fresca posible para poder seguir adelante y no perderme en el camino.

—¿Lo tentaron para trabajar en otras partes del mundo?

—Sí, pero nuestra idea es ahora trabajar mucho para internacionalizar este proyecto: hacer colaboraciones y convenios con otros centros. No queremos que sólo sea una tecnología argentina y que se quede acá. Sino que tenga impacto internacional y que las fases clínicas se hagan mundiales. Así que, bueno, estamos emprendiendo vínculos con muchos países, particularmente ahora conectados con España, que es donde viajo próximamente.

—Eso está perfecto… Pero lo que le preguntaba puntualmente es si otras universidades o laboratorios del mundo, le dicen: “Largue todo en Argentina y véngase a trabajar con nosotros”.

—Sí, me pasa bastante. Pero yo prefiero plantearlo como colaboraciones. No me gusta descartar las propuestas, sino tratar de unir y sumar. De que la Argentina se beneficie con todo esto. El objetivo más importante es la gente y que pueda vivir más y mejor. Y si para esto, para acelerar los procesos, tenemos que llevar adelante colaboraciones internacionales en lugares donde hay mucha más tecnología, bienvenido sea. Eso es justamente lo que vamos hacer.

—¿Cómo repercute en usted todo esto? Digo, por lo que consiguió, por lo que promete su investigación, el reconocimiento de sus pares en el país y el exterior… ¿No se ensancha un poco el ego?

—Le pido a las personas a mi alrededor que cuando vean algún signo de que estoy saliendo de mi eje me cacheteen un poco. Y que me hagan volver al chico que salió de Villa Cabrera, en Córdoba. Pero, normalmente, soy bastante inseguro en muchas cosas. Pienso que me falta muchísimo y que recién estoy empezando. Así que con este pensamiento me permito siempre volver a la realidad. Yo comencé sabiendo que no sabía nada de ciencia. De hecho, hace pocos días, un diario importante de Argentina tituló sobre mí: “(…) de patito feo a estrella mundial de la ciencia”. Porque así me sentía: perdía concursos, perdía becas, no sabía si era bueno… Esta es una cuestión de perseverancia y de resiliencia.

—¿Qué sería hoy si no le hubiera consagrado su vida a la ciencia?

Me gusta mucho el humanismo, leer y me gusta mucho la psicología. Así que creo que hubiera sido un buen psicólogo. Muchas veces se sienta acá, en mi oficina, gente con problemas que nada tienen que ver con la resolución de un problema científico (se ríe) … Pero me hubiera gustado ser músico también, cantar; de hecho, cantaba en coros y en el templo de Córdoba, y hasta en algún momento soñé que podía ser solista. Pero bueno, después me enamoré de la ciencia. Y de la inmunología mucho más.

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