“Los chicos no pueden seguir quedándose en casa porque el costo psicológico es muy alto”

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Lo aseguró a La Mañana Gustavo Iaies, licenciado en Ciencias de la Educación y Master en Política y Administración de la Educación

Gustavo Iaies, licenciado en Ciencias de la Educación y Master en Política y Administración de la Educación, consideró indispensable un pronto regreso a las aulas, aunque sea de manera gradual, por considerar que el encierro está causando un daño psicológico y afectivo en niños, niñas y adolescentes.

En dialogo exclusivo con La Mañana, el especialista explicó que los chicos necesitan vínculos porque “encerrados en casa, la angustia y los problemas crecen; entonces necesitan vincularse con otros chicos, con los docentes y el mundo que los rodea.”

Ante el temor de los padres, recomienda que el niño salga gradualmente y pidió “comenzar a entender que el año que viene va a ser de convivencia con la pandemia, en el que va a haber avances y retrocesos”. Por eso, dijo que hay que buscar una convivencia segura de los chicos en la escuela.

“Cumpliendo los protocolos, los chicos van a estar (en la escuela) tan seguros como están hoy. El tema es que no pueden seguir quedándose en casa porque el costo psicológico es muy alto: la idea de ‘perdí las relaciones con mis amigos y con el mundo’ es bastante terrible, y en los adolescentes, ni hablar”.

Ampliando sobre estas consecuencias, detalló que los estudiantes secundarios que están en los últimos años están en una situación muy crítica porque terminan la escuela y “no saben qué pasa en el mundo que está del otro lado: de qué van a trabajar, qué van a estudiar o qué va a pasar con su pareja”. Por su parte, los niños de primaria sufren fuertes regresiones.

Por eso consideró que los niños y adolescentes necesitan recuperar lo antes posible “algún tipo de presencialidad”, por lo menos una o dos veces por semana, teniendo las escuelas que buscar algún esquema y protocolos de seguridad. Iaies afirma que cumpliendo estos protocolos, “no tiene por qué haber ningún riesgo” para los niños ni los docentes.

“Probablemente haya algún contagio, tal vez haya que volver para atrás, pero esto va a ser la vida que se nos viene: tiene un virus muy contagioso, no es tan grave la enfermedad que genera, mucho menos en el caso de los chicos, y cuando detectemos síntomas va a haber que ir y atenderse. No podemos vivir encerrados porque hay un virus, creyendo que se murió el mundo y la calle”, agregó.

Además, reconoce que después de 150 días de cuarentena, los niños están asustados y tienen miedo de salir. Entonces, los padres tendrán que acompañarlos e ir haciendo un proceso de salida gradual. El especialista considera que el pensamiento de los padres es que “no se puede dejar de vivir porque hay una pandemia”.

Respecto a los adolescentes, advirtió que “no aguantan más” el aislamiento y lo van a comenzar a romper. En ese sentido compartió una anécdota curiosa sobre la “nostalgia” que sienten: un grupo de estudiantes le pidió por Zoom a la profesora que les consiga el sonido del timbre del recreo.

¿El año está perdido?

Ante la consulta de si el año está perdido más allá de que se continuó con la educación a distancia, planteó dos cuestiones. Primero, que habrá que ver hasta qué punto el niño o niña avanzó con su educación, por lo que habrá que evaluarlos.

Por otro lado, sí afirmó que se perdió tiempo y mucha cuestión afectiva. “Hay que recuperar el tiempo con evaluaciones, aprendiendo lo que había que aprender. Hay chicos que avanzaron casi lo que tenían que avanzar por las plataformas electrónicas y otros que no han tenido contacto con la escuela.

Por eso insiste que, en la medida que se vuelva a las aulas, habrá que evaluar hasta dónde llegó cada alumno y comenzar a recuperar. Sin embargo, insistió en que lo primordial será recuperar el aspecto psicológico.

En otro orden, recomendó que en la casa y los contenidos de la escuela no pueden estar todo el tiempo con la información referida al COVID-19 y los datos epidemiológicos, sino comenzar a compartir material alegre, que tenga más proyectos e investigación: leer un libro juntos, mirar televisión o armar un rompecabezas.

FUENTE:lamañana

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